Este verano España se vuelve a quemar. Y cada verano repetimos el mismo diagnóstico sin tocar una de las causas más evitables: se nos están muriendo los rebaños de ovejas y cabras que, durante generaciones, mantuvieron el monte limpio.Eso no se arregla con discursos. Se arregla comiendo.
Es así de simple: cada vez que comes lechal, cordero o cabrito, estás sosteniendo a un pastor en el monte. Ahora mismo el sector gestiona más de 2 millones de hectáreas en España (MAPA, 2025), y esa gestión reduce el matorral y la vegetación seca que alimentan los grandes incendios. Menos combustible en el monte, menos fuego cuando llega agosto.
El proyecto PREVINOVIC, coordinado por INTEROVIC dentro de un Grupo Operativo dedicado a estudiar el pastoreo extensivo como herramienta de prevención de incendios, lo confirma con datos: en los territorios donde ya existen programas de pastoreo preventivo, tanto los ganaderos como los técnicos forestales coinciden en algo poco habitual — están de acuerdo. Ambos colectivos sitúan la reducción del riesgo de incendios como el beneficio más importante que aporta el pastoreo, por delante de cualquier otro. También coinciden en valorar muy positivamente otros efectos del pastoreo: mantiene el hábitat y la biodiversidad, cuida la fertilidad del suelo, ayuda a dispersar semillas y conserva paisajes y formas de vida que llevan siglos ahí.
Donde sí difieren es en los matices: los ganaderos ponen en segundo lugar la producción de carne y leche, mientras que los técnicos priorizan antes la conservación de los ecosistemas. Dos miradas distintas sobre el mismo territorio, que el propio estudio señala como una oportunidad, para mejorar cómo se diseñan los incentivos y cómo se comunican estos programas entre quienes cuidan el monte sobre el terreno y quienes lo gestionan desde la administración.
No hace falta esperar a que alguien más actúe. No hace falta una ley, ni una subvención, ni una campaña. Está en tu mano la próxima vez que decidas qué poner en la mesa.
¿Por qué funciona algo tan sencillo?
Porque la cadena es corta:
- Si no se compra carne de pastoreo, no hay rebaño.
- Si no hay rebaño, no hay quien limpie el monte cada día, sin motor y sin gasoil.
- Y si no hay quien lo limpie, el matorral se acumula… y se convierte en yesca.
¿Qué puedes hacer hoy?
- Elige cordero, cabrito o lechal con IGP, o simplemente asegúrate de que sea de producción nacional. En la carnicería, en el mercado, en el súper o en el restaurante de siempre.
- Pregunta de dónde viene. Cuando lo preguntes, quien te lo vende toma nota — y quien se lo vende a él, también.
- No lo dejes solo para Navidad o Semana Santa. La demanda constante es la que mantiene los rebaños vivos todo el año.
- Cuéntaselo a alguien. Esto deja de ser un gesto individual el día que se convierte en costumbre de mucha gente.
No todos podemos apagar un incendio. Pero casi cualquiera puede evitar que el monte llegue al verano cargado de combustible. Y esa es, muchas veces, la diferencia entre un fuego que se controla y uno que no.
Tú comes cordero. El pastor cuida el monte. El monte, cuidado, arde menos — y no solo eso: mantiene vivo un ecosistema entero, según confirman quienes lo estudian sobre el terreno.
No hay una forma más fácil de prevenir los incendios cada vez que decides qué poner en el plato, come lechal, cordero o cabrito.
